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Amaru, en busca de un destino.

  • Foto del escritor: Carlos Oñate
    Carlos Oñate
  • 25 sept 2020
  • 5 Min. de lectura

Pelileo, ciudad azul donde se desarrolla el cuento. Fotografía: Diario La Hora


Erase una vez un joven llamado Amaru, desdichado de la vida, ya que, tras la muerte de sus padres y la pérdida de su hogar a causa de un incendio decidió viajar y conocer algunas ciudades del Ecuador para despejar la mente y olvidarse de todo por un largo tiempo. Su sueño en realidad era conocer todo el Ecuador, sin embargo, por sus bajos recursos, no podía darse ese lujo; entonces, una tarde le propuso a su mejor amigo, Andrés, salir de mochileros rumbo a la ciudad de Pelileo con el dinero que había obtenido de la venta de sus animales de granja.

Caricatura de Amaru con la vestimenta tradicional

del pueblo Salasaca. Autora: Dayana Castillo.


Así fue como a la mañana siguiente estos dos jóvenes emprendieron el viaje. En el camino iban admirando la naturaleza y se sentían a gusto con esta nueva experiencia. Al llegar a San Pedro de Pelileo, quedaron asombrados con sus paisajes. Al siguiente día fueron al centro de la ciudad, en donde había una gran extensión de locales de ropa de vestir. Amaru tenía fijada su mirada sobre un pantalón jean de color azul marino, y con nostalgia le dijo a Andrés: “Mira es igualito al pantalón de mi papá, lo usaba todos los domingos para ir a misa”. Andrés, como buen amigo, le dio un abrazo y le dijo: “Vamos a ver cuánto cuesta, si te gusta mucho, yo te lo compro”. Así fue como Amaru y Andrés se adentraron en la industria de jeans, había de todos los colores, diseños y tamaños posibles, para hombres, mujeres y niños de todas las edades.

Andrés se acercó a uno de los vendedores y le preguntó “¿Cuánto cuesta?”, al escuchar el precio, el joven no dudó más y lo compró, pues además de ser de buena calidad, tenía un precio accesible, cosa que en su pueblito no se podía ver, pues si querían ropa tenían que comprarla a costos elevados y se dañaba en unos dos meses máximo, además gastaban en transporte más el valor del producto o si era necesario tenían que mandar a la costurera Sandrita a elaborar sus prendas.


Caricatura de Andrés en la

empresa AA Pelileo Jeans. Autora: Dayana Castillo.


Finalmente, Andrés compró dos pantalones, uno para su amigo y otro para él, felices con la compra, pagaron y se fueron; mientras iban caminando por la calle y chupando unos helados de crema, los dos amigos se dieron cuenta de que no habían escuchado hablar acerca de los pantalones de buena calidad que tiene Pelileo, y pensaron en que el principal problema es que no tienen publicidad ni reconocimiento, ya que ellos jamás habían visto que esos locales de ropa se promocionen en televisión o radio, más bien si ellos no hubieran ido a Pelileo jamás se hubieran enterado de su existencia.


Caricatura de una mujer perteneciente

al pueblo Salasca. Autora: Dayana Castillo.


Después de caminar por varias cuadras de regreso al hotel, los jóvenes vieron que los indígenas de la comunidad Salasaca, realizaban el trabajo en dichas industrias, notaron que eran ágiles tejedores y comercializaban sus artesanías en las ferias que se realizan los domingos en la plaza central y en las casas particulares en donde se exponen diseños de tapices, ponchos, sacos y una gran variedad de artículos confeccionados a mano. Sin embargo, no le dieron mayor importancia y continuaron su camino, Amaru y Andrés no conocían mucho el sector, así que se perdieron llegando a Huambaló, una parroquia de Pelileo, dedicada a la fabricación de muebles de madera, sin duda les trajo algo positivo el haberse perdido, ya que gracias a eso encontraron un lugar en donde se hacían muebles preciosos con diseños únicos que les dejaron sorprendidos.


Caricatura de los muebles

de Huambalo. Autora: Dayana Castillo.


Esta vez Amaru se acercó a un local y preguntó sobre su precio y calidad, y al escuchar el valor quedó atónito, ya que, todo estaba al alcance de su bolsillo. Se puso pensativo al ver tantas cosas hermosas, y se dijo a sí mismo ¿Por qué Pelileo, siendo una ciudad tan hermosa, no es tan reconocida? Por varios días esta pregunta perturbaba su mente, así que, no dudo en proponerle a su amigo Andrés emprender un negocio en ese lugar. Le dijo: “Andrés, podemos ser socios si juntamos el dinero que nos queda e invertir en algo propio” él respondió: “¿A qué negocio te refieres?”. Amaru respondió: “La industria textil es muy amplia y no tiene marcas reconocidas, pero si trabajamos en conjunto podemos llegar a tener nuestra propia marca de jeans”. Andrés lo pensó y a la final estuvo de acuerdo con su amigo pues era buena oportunidad para emprender un negocio propio. Así que la idea empezó a tomar rumbo, los dos jóvenes eran demasiado inteligentes y emprendedores así que montaron de a poco su fábrica artesanal, “A.A Pelileo Jeans”, un local que fue decorado con artesanías propias de la cultura Salasaca y con muebles que compraron en Huambaló, Andrés propuso a Amaru contratar por el momento a dos personas del pueblo para que se encarguen de las ventas, y de alguna manera apoyar a la economía de la comunidad haciéndose muy productivos y en poco tiempo crearon una empresa sólida.



Caricatura del baile del pueblo

Salasaca. Autora: Dayana Castillo.


Entre esas dos personas contratadas, estaba Zoraya, una mujer bella con un cuerpo esbelto de la cual Amaru se enamoraría perdidamente. Empezaron a salir Amaru y Zoraya, entonces Amaru decidió conquistarla llevándola a los lugares más llamativos de Pelileo como el “Cerro Niton”, donde muchos turistas realizaban deportes extremos; además visitaron Valle Hermoso, un lugar de un clima extraordinario, y en el Complejo Turístico la Moya decidieron tomar un día de relajación, subieron al bote para navegar en la laguna, utilizaron la piscina temperada, los baños de cajón, el sauna, turco e hidromasaje y comieron unos deliciosos tamales. Al caer la tarde, disfrutaron de las canchas deportivas, caminaron por los senderos y montaron a caballo, fue realmente un día exhaustivo pero un día extraordinario para Amaru y Zoraya.

Zoraya aprovecho el amor que Amaru le tenía, para robar dinero de la empresa, mientras Amaru estaba empeñado por conquistarla, pues sentía que no podía seguir solo en la vida y que necesitaba de una acompañante eterna. Sin embargo, al pasar de los meses Andrés había notado que faltaba dinero en la caja. Él no dudo en ningún momento de que la culpable fuera Zoraya, ya que días atrás la había visto en el parque con otro pretendiente del cual quedaría embarazada. Luego de ver dicho suceso Andrés decide hablar con Amaru sobre Zoraya y la falta de dinero en la empresa. Como era de esperarse Amaru no creyó en la palabra de su mejor amigo y tuvieron una fuerte discusión que los llevó a separase. Pasaron los días y el dinero seguía faltando y Amaru seguía cegado por el amor de Zoraya. Días después Amaru salió a abastecerse de productos para la empresa y justo en frente de sus ojos vio desplomarse a un joven, el amante de Zoraya. El joven tenía lesiones graves y Amaru lo ayuda, lo lleva al hospital y le da toda su amistad. Pero Amaru no sabe que el herido al que ayudo es el amante de su amada Zoraya. Roberto el amante se siente culpable de haberse metido con la mujer que ama Amaru, estando en el hospital Roberto decide llamar a Amaru para contarle toda la verdad sobre Zoraya, minutos después llega Amaru y con lágrimas en los ojos Roberto le cuenta todo sobre Zoraya, sin duda un golpe duro para Amaru.

Finalmente, Amaru abre los ojos y decide terminar su amor obsesivo por Zoraya. Luego, Amaru decide buscar a Andrés para pedirle perdón por su desconfianza. Andrés decide perdonarlo y empiezan a reconstruir su empresa con más ganas y logran llevarla hasta lo más alto de la industria. Con el pasar de los años, su marca se hizo reconocida a nivel nacional y fue así como crearon lazos internacionales, logrando exportar sus prendas de vestir y gracias a eso “AA Pelileo Jeans” dio grandes oportunidades de trabajo a toda su comunidad.


 
 
 

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